El Palacio (borrador el original se perdió)

Los únicos libres en esta ciudad son los perros callejeros y los indigentes. Amos y señores de la oscuridad, se tapan con cartones rodeados de perros gárgolas que cuidan su palacio, sin faroles. Si miras, las gárgolas cobran vida, te ladran y te mueven la cola, uno debe pasar calladito porque la calle, es sólo para reyes en la noche.

Juanito

Durante los 4 minutos subía y bajaba esas escalas de rayitas de plata. Pensó que era mejor hacer la hora mirando a los capitalinos hiperventilados. No estaba en edad para seguirle el ritmo a las chiquillas y los vendedores de parches curitas, pero aún así continuó su paseo en la monotonía del viaje, sacó sus pies de un salto heroico. Tenía ganas de evacuar, el mote con huesillos estaba muy helado para la guatita del tata Juan. Si le hubiera comprado las vitaminas C a la cabrita mañosa, capacito no me hubiera mareado, pensó.