En honor a tí Martina

Encerrado en el baño Pablo deshizo su vida en pocos segundos,la droga estaba en sus venas,ya nada tenía que perder, todo era caos,desde que entró a la Universidad el mundo bohemio lo llevó a encontrar grandes y viciosos amigos, el estudio cotidiano se basaba en llegar a todas las cátedras atrasado indolente de las miradas de los demás que miraban al "pobre drogadicto" consumirse cada día más en la miseria juvenil.
Mientras tanto, Pablo quedaba casi sin mirar los azulejos blancos, se encandilaba, su cabeza giraba en torno a la angustia, desplomándose escucha la voz de su musa inspiradora.
Martina estaba atrasada, en la micro se quedó dormida y se pasó casi cuatro paraderos antes de legar a ver a Pablo.
-¡Pablo, ábreme estoy esperando de hace rato!-

Sonidos sórdidos... Pablo intentó plasmar en su cara el agua que corría precipitósamente en el lavamanos, el espejo estaba quebrado, se miró con autocompasión, le dio más pena la noticia que acontecería en pocos meses.

Martina se sentó apoyada en la puerta de la casa, estaba cansada.

De regreso a casa, Martina, supuso que su pololo no la quería más, ella lo había escuchado caminar por el pasillo, pero se tenía que devolver al baño. Algo extraño estaba pasando en la vida de Pablo.

En la pensión, Martina, estaba sola, el calor quemaba su vientre, la temperatura era bastante y no tenía ganas de tomar un solo vaso de agua. Sólo estaba el ventilador en el techo roñoso de la habitación, después de pensarlo tanto no dudó más acerca de su futuro con Pablo.

A la mañana siguiente Martina y Pepa caminaron en busca del doctor de la familia, los exámenes estaban listos.
-¡Señorita Martina Bustos!- dijo la secretaria.
-¿Debo entrar ya?-(con voz tímida) exclamó Martina. -Pase usted- se asomó el doctor, tenía un gesto nunca visto en la cara de ese maldito conservador.

La conversación fue rápida.-Tengo que decirte que estás embarazada- dijo el señor House. Martina salió rauda de la consulta sin esperar explicaciones ni nada.

Mirando al techo deprimida, sin nada que perder más que un problema grave ya inexorable, tomó una botella de vodka con naranja, anticipando el infernal futuro.

Pepa quedó preocupada, intentó miles de veces comunicarse con Pablo, él seguía tirado en el pasillo dormitando y volviéndose a drogar, luego de esto ella se rindió durante días, entendiendo que Martina, su mejor amiga, necesitaba estar sola.

Que inimaginables historias contaron desde pequeñas a sus padres, mentiras para que las dejaran salir más tiempo de lo permitido en la gran ciudad, siempre adelantándose a las demás niñas del colegio, estaban aburridas y se complementaban en todo, eran casi hermanas, Pepa estaba asumiendo que a su amiga la desterrarían por el embarazo. Ella, la autoelegida madrina debía hacerse cargo de la criatura que sin duda estaría estaría sin un padre, se imaginaba hasta en el bautizo. Pensó comprarle algo para la guagüita, pero Martina no pensó en ese tipo de esperanzador futuro.

En un papel escribió:"Angie, así se llamará esta niña. Pablo, adiós, perdónanos"

En la mañana, la dueña de la pensión descubrió el cuerpo de Martina colgado con una sábana al ventilador del techo, esta vez su maternal cuerpo estaba morado y sus ojos parecían mojados con una mirada que Pablo vislumbró en el espejo quebrado de su casa, no hay descripción para tanta tristeza. Ambos se sumieron en los vicios de la maldad urbana.

Pepa quedó atónita cuando la señora llamó, se cayó en medio de la sala durante la clase de filosofía, sólo gritaba:-avísenle a Pablo!-.

A Pablo no lo vieron hasta el funeral, presintió todo, pasó el velorio drogado, quería saber el por qué de la decisión de Martina, su amada incondicional, se culpaba de no haber dejado la droga, de no haber asumido su rol de enamorado, tantos intentos y su incapacidad lo había arruinado todo.

El funeral estaba cargado de tensión, Pepa decidió no contar del embarazo de su amiga, se sintió culpable de no ayudarla a salir de la vida cruel y alocada de su bella amiga, su hermana del alma.

Pasó bastante antes de que ocuparan la habitación de Martina, Pablo que la extrañaba tanto decidió irse a vivir a la pieza, todo estaba intacto pues ella lo había pagado todo por adelantado, en resumidas cuentas aún le pertenecía.
Hurgando en los papeles y ropas de su amadadescubrió la frase que marcaría su destino. No lo podía creer, esperaban un hijo, no la quiso escuchar. Averiguo con Pepa el nombre del doctor para asegurarse del diagnóstico de su amada, corrió, se sunió de dolor, sin parar llegó a la consula y gritó a los cuatro vientos:-¡Ayúdeme doctor!-. En medio de la confusión el doctor House escuchó la historia de amor de ambos, le contó lo del suicidio y la respuesta del doctor fue confusa.-Creo que fue valiente Martina... intuyó el futuro de su vida y la de su hija-. Dijo el doctor.
-¿Por qué dice eso doctro?-exclama Pablo.-Ambas padecían SIDA, pero no se lo alcancé a decir, salió corriendo, desde ese día que no supe nada de ella hasta que sé que está muerta-.

Parecía que una tormenta había hecho volar el corazón de Pablo, corrió sin rumbo por las calles de la ciudad, un automóvil no lo vió y casi acabó con su vida. Al parecer él si tenía la culpa de todo, la droga, inyectarse a diario lo había contagiado pero ahora era demasiado tarde.

Han pasado tres años y Pablo entró a rehabilitarse, conoció en el centro a Juanita. Era bella, se casaron dos meses después de conocerse. El destino le había dado una segunda oportunidad, él finalmente no estaba contagiado, el enigma de cómo Martina se enfermó está superado. Hoy Pablo recibió una noticia, Juanita estaba embarazada. Seguramente ahora sí será un padre presente y si es niña le pondrá Angie Martina en honor a su eterna musa que ya descansaba en paz en la mente de Pablo.

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Expresa Analiza Construye